Antes de empezar, vamos a contarte alguna curiosidad sobre la calabaza. Esta hortaliza típicamente otoñal, pertenece a la familia de las cucurbitáceas como pepinos, calabacines o melones. Como todas las cucurbitáceas, la baya que produce tiene forma pepónida, suele contener semillas y sus flores son comestibles. Se trata de un alimento muy rico en nutrientes: contiene hidratos de carbono, principalmente en forma de almidón, proteínas y muy pocas grasas. Tiene un elevado contenido en agua, aproximadamente un 90 %.

La calabaza, que es especialmente dulce, puede usarse de infinitas formas: en crema, pasteles, asada, cocida, como acompañante… Bien es cierto que la calabaza, por norma, es una hortaliza muy grande y es muy difícil poder consumirla de una vez. Por tanto, ¿se puede congelar la calabaza? La respuesta es sí, se puede. Eso sí, tendremos que tener en cuenta su tipo de cocción o preparación. 

Congelar calabaza en casa

Cómo congelar la calabaza

Como hemos comentado anteriormente, es importante que tengamos en cuenta el tipo de cocción o preparación. Hay tres formas de congelar la calabaza:

  • Crudo y cortado en cubitos o rallado.
  • Hervido, frito u horneado.
  • En forma de puré.

Congelar la calabaza en crudo

Antes de congelar la calabaza, es muy importante pelarla y lavarla bien. Es cierto que limpiar una calabaza puede resultar algo engorroso ya que la piel es muy dura y suele tener muchas semillas en su interior. Por eso te recomendamos que tengas un buen cuchillo a mano. Una vez la tengas limpia, córtala en dado de unos 2-3 centímetros y guárdalas en una bolsa especial de congelado. Cuando quieras disfrutar de esta deliciosa hortaliza, solo tendrás que descongelarla en la nevera. Es importante que sepas que como la calabaza está compuesta en su mayoría por agua (un 90%), al descongelarla es posible que se quede acuosa y flácida. Esto no significa que esté en mal estado, cocínala como más te guste y disfruta.

Congelar la calabaza hervida, frita u horneada

Otra alternativa es congelar la calabaza ya cocinada. Una opción deliciosa es hornearla también en dados de 2-3 centímetros de grosor o en rodajas en forma de sandía de no más de 3 cm. Una vez la tienes troceada, coloca en la bandeja de horno papel vegetal, coloca la calabaza, échale un chorro de aceite de oliva y hornéala a 160º durante una hora. Una vez esté cocinada, déjala enfriar y, al igual que hemos hecho con la calabaza en crudo, guárdala en bolsas especiales para refrigerar. Para descongelarla, sigue el mismo proceso, déjala en la nevera hasta que se descongele por completo. Con esta calabaza puedes hacer un puré o triturarla y utilizarla como complemento de cualquier plato, siempre bien aliñada y especiada. 

Congelar la calabaza en forma de puré

Una de las formas más convenientes de congelar la calabaza ya terminada es en puré. Para ello, puedes asar o cocer la calabaza con agua, un buen chorro de aceite de oliva y sal. Si te gustan las especias, puedes echarle comino o pimienta negra que combinan de maravilla con esta hortaliza. Para descongelarla, repetimos el proceso ya comentado anteriormente. Descongela el puré en la nevera y cuando esté descongelado del todo, caliéntalo bien en el microondas o en una cazuela al fuego para que se vuelvan a unificar otra vez todos los ingredientes.

Recuerda que, para que los productos congelados aguanten más tiempo, es importante que nuestro sistema de refrigeración funcione correctamente. Los frigoríficos Liebherr ofrecen muchas ventajas a la hora de conservar la temperatura y los alimentos que guardamos en ellos. Una de las características únicas de los productos Liebherr es la tecnología BioFresh, la cual controla la temperatura y humedad de los frigoríficos con el objetivo de conservar los sabores y nutrientes de los alimentos. Asimismo, gracias a la tecnología NoFrost se evita la formación de hielo en el congelador, lo cual ayuda a conservar el sabor de los alimentos y su valor nutricional.

 

 

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